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De Partos y Prejuicios

Hace un tiempo que no paro de darle vueltas a un tema de bastante importancia y como soy una defensora radical del respeto a la autonomía de la mujer, la única con autoridad y poder sobre su propio cuerpo, creo necesario expresar mis reflexiones sobre este tema.

Cuando hablo de “partos en familia/libres, generalmente muy pocas personas comprenden de qué estoy hablando, pero si cambio la denominación por “partos no asistidos”, todo el mundo comprende perfectamente a qué me refiero.

Cuando utilizamos el lenguaje, muchas veces no nos damos cuenta de la connotación negativa que le estamos dando a un hecho nombrándolo de una determinada manera, cuando al mismo tiempo existe otra forma de nombrar ese hecho, con una connotación positiva, lo cual conlleva en el receptor una diferente manera de interpretar la información recibida.

Cuando hablamos de “partos no asistidos” automáticamente estamos despreciando este evento, con prejuicios y críticas a la mujer que ha tomado esa decisión. La denominación conlleva la aparición de pensamientos negativos, prejuicios y críticas como por ejemplo: “esa mujer es una irresponsable”, “no está lo suficientemente informada”, “la matrona es la única profesional para atender su parto”, “debe tener problemas mentales”, etc.

Pero no nos estamos dando cuenta de que esa mujer puede que tenga miles de razones para haber tomado esa decisión. Puede que tenga una historia de abuso en su infancia, puede que haya sufrido malos tratos en algún momento de su vida, puede que tenga un problema de autoestima, puede que haya experimentado un primer parto traumático o simplemente puede que tenga un control sobre su cuerpo que le viene dado de forma natural, confía en la capacidad de su cuerpo para parir, de tal manera que ella misma se ve totalmente capacitada para hacerlo sola o en compañía de su familia.

Cuando la mujer elige tener un parto sin asistencia profesional por problemas que ha tenido en su pasado que le han creado algún tipo de trauma, esta mujer necesita ayuda profesional para poder resolver sus miedos y sus traumas, y una vez curada, esos miedos ya no influirán en el tipo de parto que desea y podrá elegir sin ningún impedimento la manera en la que desea tener a su bebé.

En el caso en el que una mujer psicológicamente sana, sin ningún tipo de trauma ni miedos, decida tener un parto en familia, libre, esa decisión debe ser totalmente respetada y apoyada por el profesional, porque esa mujer es un ser humano inteligente, con total autonomía, capaz de tomar decisiones inteligentes, con poder y autoridad sobre su propio cuerpo. Esta mujer tiene un control total y confía al cien por cien en el proceso natural de su propio cuerpo para dar vida.

Mujeres de todas las clases sociales y niveles educativos eligen tener a sus bebés solamente con la presencia de sus familias y esto siempre debe respetarse y apoyarse. La comadrona/partera estará ahí apoyando a la mujer siempre que ésta la necesite, si es necesario, desde la distancia.

Cometemos un error cuando caemos en críticas y prejuicios al escuchar que mujeres tienen partos libres o eligen a quien ellas desean que les acompañen. Como futura comadrona, creo de excepcional importancia no caer en el error de sentirme rechazada u ofenderme porque una mujer no desee tenerme en su parto, y menos aún criticarla, sino que la honoraré y la admiraré por la seguridad y el control que experimenta sobre su propio cuerpo. Se debe respetar siempre el hecho de que la mujer es completamente libre para decidir y lo cierto es que ella es la única profesional que existe sobre su propio parto, solamente su cuerpo sabe cómo llevar a cabo el proceso.

El parto es inherentemente seguro e influye mucho la parte emocional en el proceso. Como todo en la vida, no somos perfectos y a veces se producen fallos y cuando esto ocurre no se debe culpar a la mujer bajo ningún concepto.

La decisión de parir libremente o en familia no es una mala elección, simplemente es una de muchas opciones. Lo que trato de expresar aquí es que no se trata de elecciones buenas o malas, sino de la capacidad de todas las mujeres para decidir libremente.

Finalmente quisiera poner de relieve que es muy importante saber cómo utilizar el lenguaje, especialmente cuando hablamos del parto. La forma en la que utilicemos el lenguaje tendrá un impacto en las emociones que experimentará esa mujer. Ante todo, debemos respetar y apoyar cualquier decisión que tome, si es una decisión meditada e informada. Nadie más que la mujer puede decidir cómo, dónde y con quién va a tener a su bebé. Las consecuencias de esa decisión no se pueden saber hasta el final, pero ella es la única responsable de sus actos, la única dueña de su cuerpo, ni gobiernos ni leyes tienen nada que decir en ese aspecto.

Utilicemos el lenguaje positivo a la hora de hablar del parto libre porque no sabemos las razones que hay detrás de esa decisión. Hablemos con la mujer, analicemos sus razones y comprobemos mediante el diálogo si es una decisión informada y si se ha tomado el suficiente tiempo para educarse sobre el tema, pero sobre todo, ofrezcámosle RESPETO y APOYO.

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Imagen propiedad de Amanda Greavette: https://www.facebook.com/photo.php?fbid=123255484459412&set=a.123254151126212.21708.121956404589320&type=3&theater

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